Una mirada que lleva casi un siglo provocando preguntas

Por David Dorantes

Hay historias que uno encuentra en los museos y otras que aparecen detrás del cristal de un aparador.

En Chihuahua, Chihuahua, me impactó descubrir una de estas últimas.

Su nombre es La Pascualita y, a primera vista, podría ser simplemente un antiguo maniquí vestido de novia. El problema comienza cuando uno se aproxima: el detalle de las manos, los rasgos del rostro, el cabello y, sobre todo, esa mirada que durante décadas ha provocado la misma pregunta entre habitantes y visitantes:

¿De verdad es un maniquí?

La figura apareció en el escaparate de la tienda de vestidos de novia La Popular el 25 de marzo de 1930. Su extraordinario realismo llamó inmediatamente la atención y, con los años, aquella pieza comercial terminó convirtiéndose en una de las leyendas urbanas más famosas de Chihuahua.

La novia que supuestamente nunca llegó al altar

La versión más inquietante cuenta que la propietaria del establecimiento, Pascuala o Pascualita Esparza, tenía una hija que estaba a punto de casarse.

La joven, según la leyenda, murió antes de llegar al altar. Algunas versiones hablan de la picadura de un alacrán escondido entre su tocado; otras modifican las circunstancias de la tragedia.

Entonces aparece la parte que convirtió un simple aparador en mito: devastada por la pérdida, la madre habría mandado embalsamar a su hija, la vistió de novia y la colocó en la tienda para conservarla eternamente.

No existe evidencia histórica que compruebe semejante relato. De hecho, otras investigaciones sostienen que se trataba de un sofisticado maniquí de procedencia francesa. Pero ahí está precisamente la fuerza de La Pascualita: la certeza nunca consiguió derrotar por completo a la leyenda.

Durante generaciones se ha dicho que mueve los ojos, cambia de posición durante la noche o sigue con la mirada a quienes permanecen demasiado tiempo frente a ella. Incluso existe la tradición de que comprar el vestido que porta puede traer buena fortuna a un matrimonio.

¿Y Ernesto Alonso? El sorprendente encuentro entre leyenda y cine

Aquí encontré otro elemento que hizo todavía más interesante mi visita.

La historia de La Pascualita suele relacionarse en la conversación popular con Ernesto Alonso y el cine mexicano de mediados del siglo XX. Sin embargo, al revisar la historia cinematográfica aparece una precisión importante.

Ernesto Alonso protagonizó en 1955 Ensayo de un crimen, dirigida por Luis Buñuel, considerada uno de sus trabajos cinematográficos más importantes. En la película aparece un inquietante maniquí femenino que representa al personaje interpretado por Miroslava y que termina consumido por el fuego.

La película no fue una adaptación de La Pascualita.

La coincidencia, sin embargo, es extraordinaria: una mujer transformada en maniquí, la frontera entre el cuerpo y su representación, belleza, muerte y una imagen que provoca fascinación.

La leyenda chihuahuense sí llegó directamente a la pantalla décadas después: en 2015, el director David Pablos realizó el cortometraje La Pascualita, inspirado precisamente en la relación entre la madre, la hija muerta y la necesidad de conservar su cuerpo.

Las historias también construyen ciudades

Eso fue lo que realmente me llevé de Chihuahua.

La Pascualita demuestra que el patrimonio de una ciudad no solamente está en sus edificios, monumentos o museos. También vive en esas historias que pasan de una generación a otra y terminan convirtiéndose en parte de su identidad.

No sé qué miraba realmente detrás de aquel rostro inmóvil.

Pero entendí algo: mientras alguien siga deteniéndose frente a ella para preguntar si aquello es solamente un maniquí, La Pascualita seguirá estando viva en la memoria de Chihuahua.

Cada camino deja una historia y cada paso una enseñanza. Hasta aquí mis Andares, soy David Dorantes recordándote que vivo para ser feliz.